Días completos

Post escrito por partes al más puro estilo “Querido diario: Ayyyy, qué tristeza máh grannnnde me invade”; al menos cuando lo empecé, que ahora estoy simplemente estresada, cansada y feliz pensando en la cenita. Y como en unas horas tengo que estar en pie para: terminar compras para Burdeos (como una colchoneta en la que poner la que me van a dejar, unos útiles patucos de látex, chorradas), ir a currar, llegar con un hilillo de voz al Cobijo (venid con vuestras mentiras piadosas preparadas…) y luego subirme a un autobús rumbo a las Francias a pasar los siguientes tres días compartiendo 3 carpas y 15 duchas con 3000 personas, tendré que ir pensando en ir abriendo la cama.

Lo peor de lo del TIE2006 conmigo es que lo hago voluntariamente y hasta nos ha tocado pagar por ello. De hecho, hasta me apetecía, aunque fuese por ponerme un poco a prueba (llevo sin hablar francés 4 años y sin hablarlo fuera de un aula, 10, se dice pronto), por meterme en un berenjenal más, que no me queda mucho tiempo de universidad, y por la compañía. Peor aún es que soy la que se ha perdido varios festivales de música porque… sí, por higiene. Llamadlo pijerío si os apetece, a mí me sigue pareciendo asqueroso ver ríos de barro y mierda saliendo de las duchas y retretes y tener que compartir esa ducha con 200 personas. Ahora, que sospecho que eso se me va a quitar de golpe este finde.

Pero estaba respondiendo al típico “¿Cómo ha sido tu día, cariño?”, aunque sin en el engorro de la pregunta.

Algunos días empiezan con buen pie y parece que no hacen más que ir mejorando a cada paso. Hacía ya bastante que no me acordaba de ellos y tiene su aquél la sensación, para qué voy a negarlo. Hoy ha habido conato de viejos tiempos: los de “el mundo está loco, soy la única cuerda” y, lo que tampoco es que haya desaparecido, “la gente, sobre todo mirada en grupos, es simplemente gilipollas”. Ha seguido este orden, más o menos:

  • 5:00 a.m.: termino de convencerme de que la gente que diseña puntos de acceso es subnormal y no se plantea que distintos modos de funcionamiento debería significar eso. Y que hay todo un hueco en el mercado por su capullez. O su avaricia. Pero ya entraré en eso. La cuestión es que no voy a devolver el mío: me va a dar igual porque ningún otro dice en su manual que hace lo que esperaba de un PA.
  • No puedo evitar llegar a la conclusión de que la gente que los compra, por lo tanto, es subnormal.
  • Confirmo que la gente que contrata Imagenio también es subnormal (lo cierto es que eso ya lo comprobé hace un par de semanas, pero lo digo ahora, a ver si ayudo a alguien a plantarse con mayor firmeza que yo en su casa… si le sirve de algo).
  • Teniendo en cuenta que me incluyo dentro de estos dos últimos grupos, mal vamos… y sólo son las 6:00.
  • 11 a.m.: Me llega la carta del tribunal de compensación. Hasta septiembre no leo. Si acaso. El momento central de la mañana: abrir la carta delante de mi madre, sabiendo lo que debía de haber escrito.
  • Confirmo que la gente muestra con especial empeño su grado de imbecilidad, falta de educación y absoluta carencia de sentido común en el metro. Pero en el tema de la fauna urbana mejor no entro ahora, que tengo material para tres días y medio sin parar de escribir… y además estaba empezando a olvidarme de ello por ahora.
  • Hermoso momento de autocompasión al darme cuenta de que he salido del tema “Compensación” con tal apatía que no me quedan ganas ni de plantarme y protegerme con la cartera monstruosa (haciendo así mi parte en el muy necesario programa de re-educación del personal en el metro); de hecho, ni me planteo nuevas formas de tortura a cierta gente: muy mal tengo que estar. Esto me recuerda que horas más tarde he visto en un vagón a un vigilante con un pastor alemán muy jovencillo la mar de majo (el perrillo). No sé por que habré hecho esa asociación de ideas, pero diría que ocurre cuando duermo poco y ando quemada con la imbecilidad de la gente.

Ya está bien de puntitos.

Cuando vuelva me meto con el tema de las siempre divertidas redes inalámbricas caseras (siempre que telefónica y sus anuncios de colorines están de por medio). Y, por supuesto, con el concepto de ahorrarte dinero pagando un poco más por un servicio que sería muy caro si lo contratases por separado… pero nunca pensaste contratar y que, de hecho, no tienes interés en usar. Mi favorito este mes en mi casa. Pero está el hermoso tema de la carta.

De acuerdo, pedí la compensación por pedir, por quemar cartuchos. Puede que además tuviese aún menos esperanzas desde que mi tutor me comentó que habían tirado a un chaval porque le quedaba 1 crédito de libre elección pendiente (yo tengo que pedir la convalidación por trabajo en la beca de 10 créditos… que igual son sólo 4). Pero cuando lo ves por escrito en una carta con sello de la Escuela, escuece, jode. Bien pensado, no ha sido en ese momento cuando ha jodido, sino al ver la cara de mi madre, esa bendita capaz de ponerse una venda en los ojos y no escuchar a su hija recordarle cuántos motivos de diversos tipos tenía el tribunal para denegar la compensación. Es como si, mientras no hay nada oficial, todo es maravilloso, te mira con ojos amorosos, piensa que ya has acabado la carrera… y da igual lo que le digas, da igual que no le hayas contado ni una sola milonga con respecto a notas en toda la carrera, o que le recuerdes que mientras esté esa última maldita asignatura, tú sigues sin haber acabado, ella se auto-fabrica las milongas y a correr. Como en época de exámenes:

– ¿Qué tal, hija?

– Como cabía esperar… Fatal.

– Pero ¿ésta cuál era, la del Maxwell ése de 2º?

– No, ésa es mañana. Ésta era la que te dije que me dejaba directamente para septiembre. Y nada… me he liado mucho, he tenidoque volver a empezar, me he equivocado en lo poco que sabía hacer… Lo que he hecho no suma ni 4 puntos.

– Bueno, quién sabe, espera a las notas a ver qué tal.

– Mamá, son 10 puntos. He rellenado 4, por no entregar en blanco, y casi todo era inventado.

– Ay, pero igual les gusta lo que has puesto, ya verás.
Las madres, esos seres de fábula capaces de creer las cosas más absurdas y sórdidas sobre su hija de 12 años y las mayores proezas cuando tiene un guiñapo de proyecto de “teleca”, en plena depresión, diciendo que por poco no entrega en blanco.

Por supuesto, cuando las notas salen y la del examen resulta ser un 3, por decir algo, nadie te libra de las miradas asesinas y de profunda decepción, los comentarios de “¿Pero no dijiste que tenías opciones? Ya te veo yo a ti…” y cositas mucho más cariñosas, por mucho que le recuerdes las mil conversaciones como la de antes que tuviste, por mucho que le recuerdas las otras 8 asignaturas que tenías, cuál era ésta, qué dijiste sobre ella… Da igual.

Pues hoy ha sido así. Mi madre sabía qué asignatura era, le recordé por qué tenía especialmente pocas opciones, para que nadie se llamase a engaño y se crease falsas ilusiones. Eso no ha evitado La Mirada. Cómo la echaba yo de menos. Se trata de una sutil y efectiva técnica que consiste en ir alternando, incluso entremezclando, entre estas dos miradas con asombrosa facilidad.

Yo sigo practicando, porque algo de genética tiene que haber. Las miradas de odio, cuando me han tocado de verdad las narices, parece que me salen solas (la desventaja es que no controlo cuándo lo hacen, pero ya es algo). El estilo gatito empapado y triste no lo tengo ni a medio aprender. Cuestión de tiempo, espero. Y más me vale, porque anda que no tengo comprobado que la combinación gesto desvalido + fémina (no es requisito ni estar buena) llega muy lejos.

En fin, tampoco me voy a quejar mucho más, por muy cargada que anduviese la primera mitad del día. Lo bueno es que parece que algunos días, cuando han empezado a putearte a las 03:00, no siguen más allá de las 15:00. Así que ese momento Kit Kat ha empezado a corregir humores (más bien, me ha dejado más suave que un guante). Y la cena en El Cabañón… ¿Que he llegado a las cañitas y no había nadie, salvo unos camorristas? No importa, me llevan a curar el bajón a golpe de sidra, torta del casar y medallones de solomillo al cabrales. Niños, tenemos que ir.

Los cubanos se mofan de la dependencia que tienen los estadounidenses de sus psicólogos: “Claro, no hablas con los amigos, no tienes amigos, a alguien tienes que recurrir.” Joder, qué razón tienen. Yo añado la sidra y los quesos. Y la carne jugosa. Pensad tan mal como queráis que no me apetece especificar cuando no tiene sentido.

Y ahora me vuelvo a la maleta, que está hecha… pero me pone nerviosa darlo por finalizado sin más. Mejor pensado, me voy a dormir un ratito, que hasta el lunes no vuelve a tocar.

En fin, bienvenida a quien vuelva de Venecia, braseo a quien no tenga nada que hacer a las 18:45 y tenga ganas de aplaudir, reírse -sin demasiada maldad- y mostrar comprensión e invitaciones varias a que me contéis cosas, que me he portado (algo) y ha habido post personal y todo. Y si habéis saltado hasta aquí desde el primer párrafo… cabrones, le dais la razón a Brenda y eso no se puede permitir.

~ por nushh en 2006/05/04.

6 comentarios to “Días completos”

  1. Jo, cuantas cosas, se me acumulan y no sé por donde empezar. Creo que lo primero es decirte que eres guay, que aun con noticias malas de por medio (lo siento mucho, nena) eres capaz de tener sentido del humor INMENSO con esa “La mirada”, esos bichos adorables y toda esa parte. Gracias por la bienvenida😉 Lo del coso ese guarrete al que vas, pues oye, que te lo pases chupi, sabe diox que no entiendo mucho las motivaciones (sudor, esfuerzo, en un idioma extranjero y con entorno guarreras) pero estoy segura de que se trata de algún tipo de retorcido placer similar al que obtengo yo cuando veo Destino final 3 (o así) así que adelante!!!🙂 El queso es chupi, y lo de las estadísticas hace cosas raras. Y eso. Un beso🙂

  2. Envidia

    Qué envidia me dan los Burdeosos :’S

    Iye

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