Día del Orgullo (LGTB)

En mi comida familiar dominical, al salir el tema de que había estado, para variar, en el desfile del Día del Orgullo (LGTB), me dice mi primita, la pequeña (la de 36 años): “Pero para qué va a hacer falta, si ya se pueden casar.”

Debo decir que esta prima mía a veces parece de Saturno y aún más desde que cambió radicalmente y se convirtió en una mujer que quería casarse y, por lo que se ve, tener hijos (que yo me enteré de que le apetecía junto con la noticia de había un alien en gestación). Sabiendo esto, entiendo que piense que el máximo logro que puede alcanzar un ser humano es casarse (pero que digo yo que por qué no piensa, por la misma regla de tres, que los que no pueden crearlos los quieran adoptar sin aguantar la etiqueta de pedófilos que les plantan los que luego bien que buscan el roce y calor juvenil de los monaguillos).

Total, quién va a esperar que simplemente no sea importante para tu trabajo, el trato con tus vecinos, con tu familia, con tus compañeros de trabajo o de club el que te acuestes con tíos o con tías.

Admito que la tolerancia no es mi fuerte, mi cerebro se suele quedar bastante solo al recordarme que ciertas cosas están amparadas por la libertad de expresión, incluso para aquellos que pretenden retirársela a los demás (las vísceras me piden otra cosa). A veces parece que soy de otro planeta yo también y me pienso que cuando el energúmeno de tu club de rol empieza a soltar espuma por la boca hablando de los “aberrosexuales”, será muy extraño que haya alguien igual de enfermo en el edificio que pueda estar de acuerdo con él. Pero resulta que, lejos de soltarle un par de respuestas contundentes -dialécticas, se entiende, que el cerebro debe seguir mandando, aunque se quede solo-, seguidas de un absoluto vacío social. Alguna de las respuestas debería incluir, por su bien, la dirección de algún médico que le mire esa obsesión por las relaciones sexuales entre adultos que no le conciernen. Ya dije que la tolerancia no es lo mío, será que al no recibir educación católica, como estos especímenes, me falta la idea de respetar y amar al que me está escupiendo (me pregunto cuál es su excusa para no tenerlo ni ante el que quiere razonar con ellos).

Tampoco termino de entender por qué en el siglo XXI, alguien tiene por qué escuchar en la mesa a su padre decir que: “Puedo hasta entender que una persona se enamore de alguien de su sexo… pero ¿los bisexuales? Ésos lo que tienen es mucho vicio.” Esto también va por los gays que dicen lo mismo alegremente, olé su estupidez.

Hablando de escenas absurdas, otros grandes éxitos, escenas de hoy y de siempre:

[Gay] “Yo he tenido que definirme, ¿¿por qué ellos no??”
(¿Desde cuándo el resto del mundo tiene que funcionar según las reglas que te has impuesto? Cada cual busca su forma de funcionar como puede.)

[Hetero macho, machísimo] “Eeeeehhh… Bisexual, cómo mola… ¿Te lo montas con mi novia y conmigo?”
(“Bisexual” no quiere decir “me da igual todo”. Quiere decir “no distingo entre sexos, a priori”. No que tú no le parezcas a tu interlocutora un nauseabundo cacho de carne con ojos y tu novia un monumento a la desesperación por conseguir que alguien le diga “Ahí te pudras”, porque de lo contrario qué coño hace contigo.)

[Tío ultrahetero harto de darle de hostias a su crío para que aprenda] “¿A ésos? De qué vamos a dejarles tener críos… para que les… les… metan la polla a la que puedan.”
(Ni me molesto.)

[Cura a la eterna usanza] “Dejad que los niños se acerquen a mí…”
(Vale, ése era un chiste fácil. Que se controlen y no habrá ocasión de hacerlos.)

Éstos son estereotipos, sí, pero los hemos visto mil veces. Por otro lado está una sorpresa bastante desagradable que me llevé el sábado en la manifestación. Quedé con una amiga que este año se ha involucrado bastante en la asociación RQTR (asociación que formaba parte del “Bloque Alternativo”). Estuve toda la manifestación con ellos y no me hubiera importado pasar buena parte del tiempo tras su pancarta si hubiera estado de acuerdo con todo lo que decían. Me explico.

Se autodefinían como “las malas, malísimas, las que protestan por todo, no se callan ante nada”, lo cual me parece muy bien. Igual que el denunciar el negocio en el que han transformado el Día del Orgullo, con patrocinadores por todas partes sacando tajada, como por otro lado hacen los bares en Chueca todos los días del año. También me parece muy procedente que se recuerde la condición de trabajadores de los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales, que parecería que en este mundo ya no hay mayor problema que el “cuándo se lo digo a mamá y papá”, cuando los mismos problemas de falta de vivienda y precariedad laboral nos afecta a todos los que no somos hijos de papá, heteros o no. Recordar que cada cual debe poder acostarse con el adulto que quiera, siempre que éste lo desee también, sin que nadie más se meta en ello, me parece perfecto. De hecho su mensaje (“Orgullo es protesta”) me parece muy cierto. Y Heidi con Clarita, me encantaron…

Sacar a relucir la poca vergüenza de Israel al organizar el Día Internacional del Orgullo, me parece necesario. Reducirlo a gritos sobre la lucha palestina, me parece un error típico de una asociación juvenil. Donde digo juvenil quiero decir flipada. (Y se abre la veda.)

Hay muchos motivos por los que lanzarse a protestar y la mejor manera de apoyar los derechos de LGTB no me parece difuminarlos y convertirlos en un borrón en el que no se sabe muy bien qué están pidiendo éstos exactamente.

Luego viene lo que sí me cabreó: las burlas al matrimonio entre personas del mismo sexo. Parece que hay gente que quiere darle armas a peperos varios para que sigan poniendo la etiqueta de fetiche, de desviación, de vicio, de promiscuidad a las relaciones homosexuales. Como si no se bastasen solos para inventarse historias y argumentos absurdos, viene el grupo de asociaciones de flipados graciosas a allanarles el camino. Cómo que “Pues no ha habido tantas bodas, bonita. Tanta historia con el tema… ¡Nosotras no queremos casarnos, bonita! A ver, bonita, ¿¿quién quería el dichoso matrimonio gay??”

Éstos, por si no os acordáis, éstos:

No me hace ni puta gracia. Yo no tengo intención de casarme. no tienes intención de casarte. Pero hay muchas parejas que sí. Y buena parte de los demás entendemos que no se trata de lo queramos hacer nosotros, sino de que hace falta que se les reconozca el derecho a hacerlo. Qué coño, a mí me gusta tener el derecho a hacer algo y poder elegir no hacerlo. Por eso había tantas pancartas que decían “Ahora si no me caso es porque no quiero” el año pasado, ¿o no se os ocurrió leerlas? No se trata de ir corriendo al altar tan pronto como se aprueba la ley: se trata de hacer entender de una vez a la panda de trogloditas que tenemos en este país -y en otros muchos- que dos personas se han podido casar y mostrar su voluntad de formar una unidad y una familia ante la sociedad, a la cual beneficiarán haciéndolo, mucho antes de que exisitese la Iglesia Católica. Recordarles que lo suyo es un sacramento, pero que el concepto de matrimonio, que ellos se apropiaron (como tantas otras cosas) no les pertenece, que el matrimonio es algo mucho más antiguo, es un compromiso, sin atender a la ceremonia más o menos colorida con la que una religión quiera adornar lo que en el fondo tiene validez sólo porque la sociedad y sus leyes lo contemplan. Y ese compromiso lo pueden asumir dos adultos (dos mujeres, dos hombres, hombre y mujer, no hay diferencia real) que estén dispuestos a asumirlo.

Así que, bonitas, no me jodáis: no ayudáis a nadie con vuestras tonterías de malotas. Conseguir una sociedad madura que asuma la sexualidad ajena sin querer empezar a usar la pera dudo mucho que pase por -a día de hoy- darle argumentos al PP y a la iglesia, que sabemos a qué están deseando agarrarse. ¿Que tampoco ayudan las carrozas de osos? Eso es discutible: al menos ellos no se erigen en representantes del colectivo de LGTB ni se burlan de los que no salen por sus bares. Hacen lo que quieren y dejan a la gente en paz. A ver si se aplican el cuento unos y nos lo aplicamos los otros, bonitas.

Tampoco me apetece quedarme con mal sabor de boca, porque lo cierto es que estos gritos no parecían ser parte de sus consignas, sino más bien parte del discurso del chico que se encargaba de amenizar y arengar al grupo, lo cual me hace pensar que, efectivamente, su opinión no estaba tan generalizada. Por otro lado, tanto la manifestación como el desfile fue una fiesta y me lo pasé en grande. No me pareció tan vistosa como el año pasado (al menos no vi al que babeaba con los maromos de Torremolinos hacerlo este año, en ese sentido estuvo la cosa floja), pero sí me pareció que había mucha más gente. Y me encantó ver tanto viejecillo gritando las consignas a nuestro paso, parecían disfrutar especialmente con el “Mariano Rajoy aprovecha y dilo hoy” y “Al Vaticano le gusta por el ano”. Serán elementos de la sabiduría popular ya, quién sabe.

(No sé si esto iba por Mariano o por lo de vistoso, ahora que lo pienso, pero los presentes coincidimos en que el mancebo al que abrazan por detrás bien merecía una foto.)

Además, estaba espinete… No sé si por Don Pimpón o por Epi y Blas, pero estaba.

Actualización: meto los cortecillos de livejournal, que se me había quedado un post enorme y la página ya iba cargadita…

~ por nushh en 2006/07/06.

6 comentarios to “Día del Orgullo (LGTB)”

  1. A los de RQTR los tengo más que calados, porque su “sede” está en la facultad de Sociología, al lado de la mía (pero en la cual he pasado mucho más tiempo, entre su sala de ordenadores, su cafetería y su biblioteca). Desde el primer día que supe que existía me interesé por ver de qué palo iba para entrar o no, pero ciertos detallitos que fui viendo me hicieron desistir. Uno de ellos fue ver que en su web hay fotos pero advierten: “entre la gente que aparece en estas fotos hay amigos nuestros que no son gays”, o algo así. Vamos, a un pelo de decir “son normales, nos hablan, pero nos han amenazado con partirnos la cara como alguien crea que por ir con nosotros son maricones, y nosotros lo entendemos porque es lo más normal”.
    A todo esto, se supone que las siglas de RQTR significan “Rosa que te quiero rosa”. A mí no me cuadra, pero supongo que da igual porque son tan guays y hacen tanto por el movimiento…

  2. Bah! Pasando 😉 Los eslógans buenísimos, por cierto!! :DDD

  3. Iri, que sepas que este post me ha emocionado… No sé si fue la experiencia en sí, (que me lo pase dPM, mejor que el año pasado y espero que peor que el que viene! ) O la cancion que estoy escuchando Muse – Time is Running Out, o todo junto (que se escribe separado…)

    Además ver a espinete siempre alegra el día y frases como: “al menos no vi al que babeaba con los maromos de Torremolinos hacerlo este año, en ese sentido estuvo la cosa floja” siempre hacen gracia 😉

    Por cierto:

    mado 019

    Mejor perspectiva y con sonrisa dedicada y todo… y por favor, fíjate como estan devorando los pezones del de la izquierda…

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