Día del Cadáver

Pedazo fin de semana. La última vez que le eché tanto morro de cara a mis padres fue en la última macro-barbacoa en casa de Castillo: de jueves a lunes por la mañana, empezando con barbacoa y piscina y acabando en la embajada portuplanar jugando al Exo Drinking Game (a ver si busco las reglas y las pongo aquí).

Jueves: Día del Cadáver.
Viernes: J&J sorprendente.
Sábado: J&J reprise y Peor… e igual de divertido, incluyendo trabalenguas agradecidos… y hasta el Girls & Boys. Y un pobre escocés diciendo: “Ya, pero ésta sí que ni de coña te la sabes…”. Ay, pobre, tratándose de Blur… cómo se nota que no me conoció con 14 años (y menos mal, porque las pintas de pelo beatle me quedaban horribles -más de lo que os podríais imaginar-, por mucho que hoy hubieran sido la envidia de todo gafapasta pop inaguantable).
Domingo: ¡Rocky Horror Picture Show en directo! Con las ganas que tenía de que volviese a haber algo parecido a los jueves del mercado de Fuencarral…

Pero a lo que iba, que ya metí lo del J&J del viernes porque volví toda feliz y no voy a volver a saltarme el orden. El orden es bueno. El orden es tu amigo.

El DdC fue la respuesta de unos pocos amigos muy quemados a una imposición vegetariana. En particular, la respuesta de uno de ellos en una situación sentimental no apta para cardíacos con el origen de dicha imposición. Vamos, para entendernos, que le habían dejado claro que “Como me entere de que comes carne, vas a ver la que te puedo llegar a montar. Ah – y olvídate de follar”. [Otro día me meteré en el tema del frente de los Verdes y Greenpeace, delegación de Malasaña -dato importante- y su coherencia, frases y argumentos, porque, total, ya debe de odiarme los pocos que me recuerden. También cabe decir que debo de ser de las pocas amigas de la vegetariana en cuestión que ha osado comerse una buena hamburguesa delante de ella – y seguimos quedando y todo.]

Los avispados lectores que además tengan reciente la entrada anterior sobre simpatías por controles e imposiciones de conocidos, amigos o parejas, podrán sumar dos y dos y llegar a la lógica conclusión de la necesidad de este chaval de tener un Día del Cadáver y entregarse a los placeres de la carne cocinada.

Aquello fue una barbacoa gloriosa. Un costillar entero que este chico troceó personalmente con un enorme cuchillo de carnicero. Carne salpicando las caras de los presentes. Y nosotros salivando. Y un rato después, el olor a carbón preparado para la carne.

El Día del Cadáver se repitió más veces y tuvo extensión en un bonito viaje a la playa, en Halloween de 2002 -que también surgió cuando tres personas del grupo teníamos un momento bastante estresante con nuestras respectivas parejas- en el que llevamos la cuenta de cuántos animales habían tenido que morir para que nosotros disfrutásemos esos tres días. También disfrutamos bañándonos (sí, a 1 y 2 de noviembre) en el mar y haciendo el cabra todo vestiditos -acabábamos de salir de la fiesta de Halloween del 6, recuerdo- en la playa:

(No sé qué tomamos aparte de la carne, pero nos hizo decidir que era una buena idea subirnos a los mástiles éstos de la playa a las 5 a.m. todo vestidos -trepar con un corsé de verdad y bien apretado es jodido, no recomiendo hacerlo ebrios-. El caso es que fue divertido.)

La cuestión es que han pasado 4 años y hace dos de nuestra última gran barbacoa. La semana pasada Io propuso reunirnos para un nuevo Día del Cadáver, versión modesta -que la pobre no podía plantar una barbacoa en su piso-, por los viejos tiempos.

Y claro, se empieza comiendo esto (la hamburguesa “light” -extra de queso y bacon, extra de juguito… que la carne sangre, gracias-, para los que no soportamos el chili ni cualquier invento basado en judías):

Se continúa con esto (qué vergüenza, mancillar la carne con legumbres):

Y se acaba tocando el arpa con un tendedero y el djembe con un puff:

Y nuestro colesterol, bien, gracias.

En realidad no es tanto un día de conmemoración del nivel de quemazón que teníamos entonces ni de lo bien que nos sentaron todas estas historias, sino un día de reflexión sobre el dolor que sufren las pobres lechugas al ser arrancadas y torturadas para que nos alimentemos. Y no lo digo en broma. Pensadlo.

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~ por nushh en 2006/07/24.

6 comentarios to “Día del Cadáver”

  1. A mí me da cosa comer cosas con ojos, sobre todo si les veo los ojos.
    Vamos, que también me dan pena las lechugas, pero al no tener ojos no me da tanta cosa.
    Lo malo es que el instinto lo tengo (muy) carnívoro.
    Así que me toca cargar con mis cargos de conciencia.
    Y mientras tanto como lechugas y pollos/filetes versión no-ojos, para no sufrir.
    Pero nunca me comeré una gallina que yo críe (a no ser que me esté muriendo realmente de hambre).
    No sé si me explico😀

  2. [MODO MARUJA ON] Yo juraría que esta entrada era más larga la primera vez que le eché un ojo, así que ya te preguntaré en directo [/MARUJING]

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