Sopelana: de camping

Me sienta fatal pasar un año sin ver el mar. Nunca lo he probado, pero cuando se empieza a acercar el plazo estoy de especial mal humor, porque unas vacaciones sin verlo no son vacaciones: manía nº 29349502 heredada de mi padre (él lo extiende a “sin cruzar el charco”, pero desde que los viajes me los pago yo, mi umbral ha bajado mucho).

El caso es que llevo desde el viaje a Méjico del año pasado sin ver el mar. Y el viaje a Copenhague (que iba a ser en febrero, pero al final pospusimos en favor de Praga para ir cuando el Tívoli estuviese abierto) se me ha ido a pique por empezar nuevo trabajo en septiembre. El plan de Finlandia surgió y murió en algo así como dos días y… yo veía que no me movía ya de Madrid. Y en ésas que Iye sale con una de sus ideas de bombero: “¿Por qué no nos cogemos mi iglú y nos plantamos en un camping al lado del mar?” Yo prometo que puse resistencia: que si no podía permitirme cogerme unos días así a lo loco (aunque luego se me vayan sin saber muy bien cómo), ay, no sé, no es el mejor momento,… Pero nada, al final la respuesta fue: “Vale, sólo dos condiciones: que sea en el norte y que haya playa.” El resultado es que he acabado en un camping de una playa cerca de Bilbao… y me ha gustado. Y tiene mérito, teniendo en cuenta que la última vez que usé un saco de dormir fue obligada por las circunstancias en Burdeos.

No sé cómo de normal será -era primeriza y he ido después de oír las historias de juergas de acampada de Iye y sus amigos, a las que hay que pasarle el correspondiente filtro Alcohol Eliminado-, pero me ha gustado que en general la gente era tremendamente maja. A nuestro alrededor teníamos sobre todo surfistas de varios países (además de españoles, había sobre todo franceses, alemanes y algunos italianos). Llamadme todo lo que queráis -pero recordad mi única experiencia previa-, pero me pensaba que la gente sería bastante menos civilizada: que tendría las duchas para mí (¡pero si tenía que hacer cola habiendo 20 duchas para unas cuantas docenas de tías!) y que el ruido de la gente no iba a dejarnos pegar ojo, pero en absoluto: entre las 0h y las 8h debía haber silencio y lo había. La gente se callaba y dormía para ir por la mañana a buscar olas (o a lo que fuera que iban a hacer a Sopelana).

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Hubo tres excepciones y la primera me provocó un susto considerable: la primera noche me quedé frita a las doce y algo; a eso de las 3 me despertaron gritos en francés y movimiento en la tienda. Además estaba lloviendo un poco y lo oía contra la capa exterior. En esos segundos antes de despertarme del todo y caer en la cuenta de dónde estaba, pensé que estaba en Burdeos. Reíos, cabrones, pero esos momentillos de no estar del todo despierto son traicioneros y algo así os habrá pasado alguna vez.

Por lo demás, sólo otro grupillo francés y una familia de españoles en su caravana tocaron las narices. Y lo hicieron a la vez, con lo que una sola llamada a la dirección del camping y a correr. A los pocos minutos había silencio y estaba roque de nuevo. Por cierto, se ha confirmado una cosa que ya me sorprendió en Burdeos: si quieres reconocer a una francesa, ni axilas ni hostias, mírale los pies en unos lavabos públicos, estará descalza por muy embarrado que esté el suelo y por muy sospechoso que sea el color del agüilla que pisa; para ellas los hongos y la suciedad típica de final de día en un WC por el que pasan docenas de personas varias veces deben de ser leyendas urbanas. O eso o tienen pies de hobbit.

Volviendo al tema, parábamos en el camping poco, lo justo para dormir y ver la vista increíble que tenía (estábamos en lo alto de una bajada de pendiente considerable a la playa y Sopelana es zona de acantilados) al despertarnos, ducharnos y marcharnos a donde nos diese el punto ese día. Pero sí que dio para otro episodio de los de “pero esta gente de qué planeta ha salido”.

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Segundo día, 9 a.m., me estoy despertando… y se oyen cucamonas que parece estarle haciendo una mujer a un niño pequeño. Acto seguido, se oyen gruñidos de niño y…

-¿Está cagando? – dice una mujer.
-¡Sí…! Pero no te preocupes, que tengo aquí una bolsita, lo recojo y ya está – contesta la que supongo sería la madre.

Iye ya está abriendo el ojillo y se encuentra con el maravilloso despertar de una Irina preguntando: “¿¿¿PERO ESTO ES NORMAL???”

Un rato después, salimos con las cosas del baño y vemos a nuestras vecinas del niño cagón, con sus falditas a rayas moradas y cualquier-otro-color por la rodilla, última moda malasañera (no es por faltar, es por referir). Un empleado empieza a cortar la hierba, llevándose por delante varias margaritas. Las tías lo ven y empiezan a calentarse:

-¡Pero bueno! ¡Está cortando las flores!
-Qué vergüenza, hay que decirle algo, no me lo puedo creer: ¡¡¡está cortando las flores!!!
-Que sí, que sí, como que voy ahora mismo a decirle algo.

[Se acercan al tío dejando al niño por ahí suelto entre tiendas ajenas. Nosotros parados delante de la nuestra, flipando y riéndonos de lo absurdo de la situación.]

-¡¡Oiga!!

[El empleado para el cortacésped.]

-¿¿Pero no ve que está cortando las flores??
-Eeeh, pues sí, señora, estoy cortando el césped y… hay flores, sí.
-¡Pero las está cortando!
-Sí, es mi trabajo, aquí acampa gente y tenemos que cortar la hierba.
-Pues no, no, no. No puede ser, déjelas ahora mismo, que no puede ir destruyendo las flores así como así.

[En ésas que el niño se pone junto a una tienda a un par de metros detrás de la tía y se quita su slip/bañador/loquesea.]

-Oiga, señora, verá: yo vengo aquí a hacer un trabajo. Me han dicho que tengo que hacer esto y si no hago mi trabajo bien, no vuelvo, ¿entiende? Ahora, que si usted quiere ir a dirección y decírselo… Mire, yo tengo que hablar con ellos esta tarde, así que si habla con ellos ya me dirán lo que sea de las flores.

[El niño se pone de cuclillas, Iye y yo salimos disparados.]

-Oye, ¿por qué en vez de preocuparos tanto por las flores no os preocupáis de que vuestro hijo no cague donde tenemos que dormir todos?
-¿Está cagando?
-Estaba en ello, míralo cómo está.
-Ay, ¡pero si no pasa nada! ¡Si sólo está haciendo pis!
-¡¿Cómo que haciendo pis?! ¡Que aquí tenemos que poner la tienda todos! ¡¡Llévalo a un baño!!
-Bueno, vale, perdona…

“Sólo está haciendo pis.” Yo lo sigo flipando, señores, doy mi palabra de que lo dijo tan convencida.

Queridos comeflowers del mundo: de verdad que entiendo los problemas que afligen a la naturaleza -como, por ejemplo, la tala masiva de margaritas en las zonas de acampada- y que naturalmente acaparan vuestra atención. Entiendo también lo aromáticos que os parecerán los excrementos de vuestro angelito y lo hermoso que debe de ser criar a un niño en la libertad que da la ignorancia de las mínimas normas de higiene. Sólo os pido que, por favor, LO HAGÁIS EN VUESTRA PUTA CASA, no donde tengo que dormir yo.

Afortunadamente, cuando volvimos horas más tarde ya se habían ido (ofendidísimas, imagino). Y todo volvió a la normalidad (al menos a la mía): gente charlando en la hierba y cagando en el váter. Y seguía habiendo colas en las duchas, la gente no hacía ruido pasada cierta hora en la zona de dormir -para eso estaba la playa- y, no sé si estaría relacionado, redoblaron los turnos de limpieza en los baños.

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Sigo prefiriendo el plan de hotel/hostal, pero me he reconciliado con las tiendas de campaña. Y la piscina con jacuzzi (en un camping… lo que inventan, hay que joderse) ayudó.

~ por nushh en 2006/08/18.

5 comentarios to “Sopelana: de camping”

  1. Mi última experiencia con tiendas de campaña no fue tan positiva… ¿Hablas de comeflores? Pues te lo subo a los [megamix de insultos extremos] asistentes al FIB hace algunos años. Hotel o pensión, y baño en la habitación; rima, y juega feliz.
    Y me entran impulsos violentos cuando veo a un niño meando en la calle ayudado por su madre. Luego se quejarán de que los chavales mean en los portales…

  2. Irina, esta frase es para enmarcarla:

    “Y todo volvió a la normalidad (al menos a la mía): gente charlando en la hierba y cagando en el váter”

    ¡Muy grande! Digna de Terry Pratchett.

    Sabes, yo unca he estado en un camping:-/ es una de esas cosas que tengo una espina clavadita…Y eso que tengo una tienda de campaña sin estrenar.

  3. “filtro Alcohol Eliminado” –> Jejeje.

    Mar: me gusta ver el mar, pero no ir de vacaciones, verlo en paseos y eso. En temporada de vacaciones siempre lo asocio a bañadores y paranoias varias.

    Camping: hombre, no está mal, te hacen dura xD pero mejor una cama, claro😛

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