Amigos de los niños

Hay una sola cosa que siempre envidiaré de la gente que nace con cierta estrella en el culo. Ni medidas perfectas, ni la capacidad de comer y comer sin estropearlas, ni ser una tía de metro ochenta y espaldas a juego. Todo eso tampoco me importaría tenerlo, pero no me quita el sueño.

Lo que envidio a lo bestia es esa extraña capacidad de algunos de liarla, montar una fiesta en un bloque de pisos, que el conserje venga a llamar la atención y, un rato de charleta después, todo esté bien y al día siguiente todo el mundo te dé las buenas tardes con un “¿Qué tal…?” y un guiño. La capacidad de que la gente te mire y diga: “Joder, qué majete, creo que voy a hacer todo lo que me pida y encima seré feliz por hacerlo”.

Muchos dicen que las tías con un escote ya lo consiguen, pero es que para eso hay que tener rostro. Una tía puede ser todo lo atractiva que se quiera, pero tiene que ponerse esa camiseta abierta hasta el ombligo y tener el estómago de ir a un despacho con la idea de rebajarse a comerle la oreja a alguien: tiene que haber asumido que todo lo demás que pueda ofrecer no vale una mierda. Por mucho que lo desprecie, hasta le veo cierto mérito: hay que poder y querer, muchos de los que lo intentan fallan miserable y cómicamente y muchos de los que podrían, les falta estómago. Pero no hablo de eso. Hablo de no tener que ir por la vida con las rodilleras a cuestas. Hablo de simplemente aparecer con aire de despistado, la sonrisa, los andares, los pantalones morados y la camiseta verde lima y volver diez minutos después diciendo: “¡Está el bote! Jajajaja, ¡pero si es que se ha quedado encantado!”

Una y otra y otra vez. Con charleta y, quizás, algo de sidra. Con cualquiera, por borde que pareciese al principio. Sin llegar a ser demasiado majo jamás, sin que haya sonrisa profidén demasiado perfecta, sin que nada chirríe. Para eso hay que haber nacido, no se fuerza, no se aprende y se nota a la legua cuando alguien lo busca artificialmente – y ni se enteran.

Pero a los que insipiráis confianza y buen rollo de entrada, a los amigos de los niños, a esos de los que debería haber al menos uno en cada grupo para hacer de mensajeros, a los que solucionan papeletas y cuela: qué suerte tenéis, cabrones.

</envidia malsana>

~ por nushh en 2007/09/09.

9 comentarios to “Amigos de los niños”

  1. Me encanta este post.

    Siempre existe esa persona que en un dia malo te hace reir, que en una situación peliaguda se las arregla para aliviar el tenso ambiente.

    Bien por apuntarte a planeta Teleko!

  2. Curioso

    Me vas a perdonar esto que te digo porque lo mismo es un comentario que no viene a cuento o que se sale de lo que se espera en este blog🙂

    Quizá te sorprenda o algo pero yo siempre te he visto a ti exactamente ASÍ (y creo que los demás tb te ven de la misma manera). Es decir, no llegas a ser “demasiado maja” rozando lo artificial, pero cuando sonríes y vas de buenas es difícil negarte nada (y mira que me has pedido pocas cosas, pero creo que hubiera hecho cada una de las que me hubieras pedido casi sin excepción)

    Vamos, que la envidia malsana te la podría tener yo a tí perfectamente.

    Salu2 polares

    P.D. Por cierto, nunca te he visto con el escote hasta el ombligo, pero te he visto disfrazada de dama élfica y para un friki como yo (y los que frecuentan la santísima casa) quizá es aún más efectivo🙂 . Lo digo por si falla la sonrisa !!

  3. Hum, creo que unos Filipinos también mediaron, o al menos alguien me lo comentó cuando me contaron la hazaña a la hora de “comprar” al conserje. xD

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