Cosas que pasan

En la planta en la que curro hay un par de baños. En el piso inmediatamente superior, los 4 funcionarios que trabajan allí medio día tienen otros dos y llave para cerrar sendas puertas y evitar que los compañeros del piso de abajo (los casi de 30 de mi laboratorio y los ¿6-7? de Dosimetría, del mismo piso) subamos y los usemos. Las de la limpieza tienen copia de las llaves para entrar a limpiarlos y de vez en cuando los dejan abiertos durante el día. O no. O los cierran cada tarde cuando terminan de limpiarlos. Cuestión de suerte.

Si me encuentro con que están limpiando los de mi piso, pruebo suerte arriba. De esos dos baños, uno suele oler a humo (normal, es un tercero, no les pediría que bajasen 3 pisos para fumar) y estar bastante sucio (sigue siendo un misterio cómo lo consiguen 4 personas en medio día).

El otro suele estar bastante limpio, pero tiene un inconveniente: la puerta de fuera está rota, de forma que desde dentro el pomo no puede girarse y el pestillo suele quedarse echado. Normalmente, el que entra deja la puerta sólo entornada, dado que las de los cubículos cierran y abren perfectamente.

Por descontado, si subo a esos baños, me suelo llevar el móvil.

O no.

No he mencionado que trabajo al lado del pabellón psiquiátrico del hospital. De hecho, somos técnicamente el “anexo de psiquiatría”. Los gritos de los internos son relativamente comunes y sus ventanas y las nuestras -entre ellas las de los baños- dan al mismo patio. Los golpes son menos habituales, salvo que estemos de obras.

Tampoco he mencionado que hay personal de limpieza que usa cascos mientras trabaja.

O que puede ocurrir que te vean entrar en el baño, sacar el cepillo de dientes y, mientras te los lavas, salgan olvidando entornar la puerta – igual que tú has olvidado subir el móvil o avisar o fijarte en que estás en ese baño. También es posible que lavantes la cabeza, vayas a abrir la puerta y te encuentres con que te han dejado encerrada y no oyen tus inicialmente tímidos gritos y golpes.

Sin móvil, sin horquillas -tampoco es que yo tenga un +7 a abrir cerraduras precisamente-, con muchos rollos de papel pero sin boli, sin un mísero chicle con un MacGyver de regalo. Y en un tercer piso vacío de gente desde la hora de comer… La palabra clave era “inicialmente”.

Mientras tanto, un piso más abajo, se producía la siguiente conversación entre mis compañeros de despacho:

-¿Habrá obras?
-A saber…
-Joder, a alguno le están abriendo la cabeza a hostias.
-Ya, es que lo de tratarlos con pastillas ya no se lleva.

Lo normal cuando oímos golpes o gritos de los internos.

Quince minutos, una pulsera metálica rota y una puerta con su cerradura un poco más jodida (aún) después, veía dos guardias pasando por el patio al que da la ventana, un compañero entendía mis gritos a los guardias y asomaba la cabeza por la ventana inmediatamente inferior a la mía.

-Ehm, hola, Edu. Soy Irina – estoy aquí arriba… Me he quedado encerrada en el baño.

30 segundos después abría la puerta por fuera con el sencillo y tradicional giro de muñeca. (Gracias.)

No me siento gilipollas ni nada.

~ por nushh en 2009/03/04.

3 comentarios to “Cosas que pasan”

  1. Cosas que pasan

    Pero si todo el mundo sabe que las puertas se derriban con el hombro😉

  2. JO-DER.

    Ahora, como historia-relato, no tiene precio.

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