La Iglesia en casa

El fin de semana pasado, entre Ciudad Real y Membrilla, se ha celebrado el sacramento del orden de (si la memoria no me falla) tres nuevos sacerdotes. Entre ellos, mi tío. Y esto ha provocado un pequeño conflicto paterno-filial en el que han salido a relucir la poca tolerancia de los ateos y lo mal que tratamos a nuestros muertos.

Sí, me he subido a la caja y os pido paciencia con mi historieta.

Hasta donde yo sé, hay poco contacto entre mis padres y los del nuevo cura, pero cordialidad. Ellos saben que tenemos poco de católicos y nosotros sabemos que, de ellos, el que no es miembro del Opus, no anda lejos. Hará unas semanas, los padres del nuevo cura se aseguraron de llamar a los míos y encargarles que avisasen a toda la familia. Todos estaban invitados a la ceremonia. “No os olvidéis, es como una boda”. “Como una boda”, le insistieron a mi madre unas cuantas veces. Y las palabras mágicas: “A tu madre le hubiera gustado estar”.

Su madre, mi abuela, que vivió con mi abuelo sin pasar por la iglesia varios años (vamos, hasta la dictadura de Franco), que aplaudió mis piercings, mis líos, mis decisiones, que se cabreaba cada vez que alguien menospreciaba “eso de que las chicas quieran ser ingenieras…” y a la que se le llevaban los demonios cada vez que Rouco abría la boca. La misma que no lleva criando malvas dos años porque eligió donar su cuerpo a la ciencia, en contra de los dictámenes de la Iglesia.

Y la que se llevaba estupendamente con la parte católico-manchega de la familia e iba a misa porque las primeras leches no se digieren nunca. Y por ahí cazaron a mi madre: “se lo debo”.

Curiosamente, recuerdo haber estado con mi abuela las N horas de una misa del obispo cuando volvieron a abrir la catedral de Ciudad Real tras tenerla años en restauración. Me la chupé enterita -la misa, digo-, por mi abuela, mientras el futuro cura y su familia se iban fuera a tomar algo, porque se hacía cansado estar ahí de pie con tanta gente. Pero resulta que mi abuela estaba viva por entonces y le hacía ilusión. Ahora no se me ha ocurrido preguntarle qué le parece el asunto, principalmente porque la palmó.

Mi madre no soy yo, claro, y ahí que ha ido. “Hay que ser tolerantes”, “Les hace ilusión”.

Mi palabra favorita: tolerante. Le pedí que, ya que iba a ir, aprovechase para invitar a esta parte de la familia a mi boda con mi novia. Después de estar viviendo juntas este tiempo fuera de España, nos hace ilusión formalizarlo y compartir nuestra felicidad con el resto de la familia. Por cierto, esto no es “como una boda”: es una boda. ¿Vendrán? Me quedaré sin saberlo porque ni mi madre se lo ha dicho (ni de broma), ni hay boda.

Por supuesto, he procurado no saber qué opinan de que esté acostándome con mi pareja desde hace años sin haber pasado por la vicaría. Ni de que esté absolutamente a favor de que una mujer elija qué hacer con su cuerpo, incluyendo en el caso de un embarazo no deseado. Rouco ya me lo ha dicho.

Tampoco le he preguntado a mi madre si les ha pedido disculpas ya por provocar los casos de abusos sexuales a niños. Dado que su generación ha sido la primera en tomar la píldora en España, por ejemplo, claramente los casos de sacerdotes pederastas son culpa suya, no de los curas.

He estado dos semanas intentando sin éxito convencer a mis padres de que no se planta cara a las sectas arreglando el mundo en la intimidad de casa (tiene guasa, a gente que las pasó canutas militando en el PCE durante la dictadura en lugar de quedarse acojonados en casita). Se les olvida que la Iglesia no sólo es ese coco que habla por la COPE, ni es Rouco. La fuerza de la Iglesia está en toda esta gente que ve natural insultarte por acostarte con una mujer y al día siguiente pedirte un regalo para la boda de su hijo con un hombre que, dicen, fue engendrado por un pájaro, murió y se levantó cual zombi 3 días después.

Si os habéis sonreído un poquito, es que no me he explicado bien.

Han conseguido convencernos de que implicarnos en sus ritos es lo normal y bueno: “ven a misa, ¿qué daño te va a hacer?, mira que eres borde”, a pesar de que nos insulten cada día. Que decirles “No” es grosero, intolerante, agresivo.

Pues los cambios se hacen en estas cosas no tan pequeñas. Sería muy bonito tener una Iglesia Católica que se subvencionase sólo con lo que le diesen sus fieles y no impusiese su visión del mundo en las leyes de todos. Que, igual que yo puedo ir a celebrar algo que para mi tío es importante aunque yo lo vea absurdo, él viniese a celebrar que me caso con otra mujer. Como no estamos en el mundo de la piruleta y caerá esa breva, la conversación lógica hubiera sido algo así:

-¡Mi hijo se casa con Dios! Venid a celebrarlo, hacedle un buen regalo, no se os olvide.
-Lo siento, Perico, hijo, es que lo de casarse con espíritus no lo termino yo de ver. Pero pasadlo muy bien y nos tomamos unos vinos un día. Hale, besos.

Pero, tal y como están las cosas, los intolerantes somos los ateos que aguantamos misas o los que van a bodas con Dios, mientras que los bondadosos son los que mejor que no se enteren de que también me gustan las mujeres.

No lo dije en enero este año ni el anterior, pero lo digo ahora: el mejor propósito de año nuevo es que no seáis tolerantes. A veces toca decir: “No, esto es absurdo” y declinar una invitación. Y, si tenéis dudas, pensad en la respuesta de esta gente en el caso de que de verdad estuvierais a punto de casaros con alguien de vuestro propio sexo. Y luego me lo contáis.

~ por nushh en 2010/03/24.

8 comentarios to “La Iglesia en casa”

  1. Plasplasplas!😉

    Completamente de acuerdo. Está uno ya del “qué te cuesta” hasta el colodrilo. Y que no te toque aguantar una misa reivindicativa… yo tuve que aguantar en una boda a un cura criticando el matrimonio homosexual casi con sorna. Qué gilipollas. ¿Serán conscientes de que dentro del grupo al que están hablando durante la misa seguramente habrá gente gay o al menos familiares? Máxime en una boda, donde el 90% de la gente está por compromiso…

    • Son conscientes, pero lo aprovechan: saben que, de ésos, la mayoría están con sentimiento de culpa por estar por compromiso en lugar de voluntariamente. Como mis padres: ateos, pero sintiéndose culpables por ello, en lugar de pensar “Joder, que hay gente adulta creyéndose estas gilipolleces”.

      Si es que somos gilipollas.

  2. “para la boda de su hijo con un hombre que, dicen, fue engendrado por un pájaro, murió y se levantó cual zombi 3 días después” —> Yo me he sonreído un poquito xD

  3. Qué verdades tan grandes. Recientemente me encontré con la “obligación” de asistir a un bautizo. No tengo ningún problema en hacerlo (después de todo, también tuve que bautizar a mis propios hijos “por si acaso”, según el argumento de su madre, a la que amo profundamente pese a eso); es, sin embargo, toda una experiencia recibir las miradas acusadoras de los más convencidos cuando ven que no sigo la gimnasia propia de la ceremonia –vamos, que me quedo sentado cuando el oficiante da la voz de firmes. Y qué decir de las respuestas del público. Como ni siquiera movía la boca haciendo como que hablaba (estoy convencido de que eso hacen el 90% de los asistentes a las misas) una señora que tenía a mi vera se puso a gritar lo de “y con tu espíritu” y demás zarandajas… Sería para compensar.

    Lo mejor de todo es que la última vez que vi por una iglesia al padre del bautizado fue cuando tomó la primera comunión, allá por cuando era casi obligatorio, y me dicen lo mismo de su madre. Por lo menos mi compañera es creyente, aunque no comulgue con supuestos pederastas. Y todavía a los ateos nos dicen intolerantes…

    Encantado de leerte.

    • Lo malo del “por si acaso” es la parte en que el chavalín ya queda inscrito como católico de por vida, cosa que la Iglesia aprovecha muy bien. Luego con denegar apostasías…

      En fin, ánimo, que no tengas que aguantar muchos encontronazos en iglesias… ¡y gracias por pasarte por aquí!

  4. Excelente blog

  5. Hola, llego aqui de casualida y me encuentro con este escrito, que parece una copia de mis explicaciones del “porqué no voy a la comunion de mi sobrino” y las respuestas a mi negativa. Excepto en lo de tener novia, igualico “hoygan”.

    Gracias.-

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