“Cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal”, escribe [Ricardo Benjumea, redactor jefe de Alfa y Omega, publicación del Arzobispado de Madrid]
La inmensa mayoría de los españoles consideraría una aberración que se sacara la violación del Código Penal, aunque, a sólo cien metros, uno tuviera una farmacia donde comprar, sin receta, la pastilla que convierte las relaciones sexuales en simples actos para el gozo y el disfrute
“¿No debería equipararse a otras formas de agresión, como si, por ejemplo, obligáramos a alguien a divertirse durante algunos minutos?”, escribe Benjumea
Cuando esta mañana en el curro me han contado el titular, he interpretado que eran palabras de Rouco Varela directamente. Al leer la noticia he visto que son del redactor jefe de la revista del Arzobispado. En cualquier caso, me han parecido muy coherentes.
Es más, ese guiño a Berlusconi con la comparación con obligar a alguien a pasárselo bien me parece tremendamente acertado: ilustra mucho mejor la mentalidad del que escribe esas líneas.
Es habitual en la secta que lidera en España tener esa actitud de “estás conmigo o estás contra mí – y solo”. Es coherente que esta secta pretenda volver a imponer sus leyes divinas sobre las civiles, sobre los derechos humanos. Es coherente que alguien que (se supone) jamás ha probado el sexo no tenga ni la menor idea de qué es y es coherente que alguien que lleva desde el seminario sin estar en contacto con el mundo real aún siga sin entender que una violación no tiene absolutamente nada que ver con el sexo y todo con la violencia. ¿Ese salto desde “píldora del día después” a “violación”? Es un salto muy coherente con la falta de formación de este tipo de personas.
Me extraña más que no aprecien el libre albedrío, don divino según ellos al hombre (quizás ésa sea la clave), pero no me paro a buscarle lógica, porque hay algo que me confunde más. Lo que sigo sin entender, por más que lo piense, es que en este país se le siga ofreciendo micrófonos a enfermos mentales como esta gente, en lugar de rehabilitación, y se les siga financiando con el dinero de todos.
Lo que no entiendo es que, en un país en el que hay que tener un cuidado exquisito cuando se habla de nacionalismos y de “condenar la violencia”, desde la revista de un líder de varios millones de sectarios se disculpe la violación de seres humanos porque existe la píldora del día después y aquí no ocurra nada.
No me revienta la secta, me revienta mi gobierno, ése que sin cortar el grifo. El que no se da cuenta de que los medios de comunicación que les dan el poder que tienen se financian con ese dinero que siguen sin tener que pagar en concepto de impuestos y que siguen recibiendo de los nuestros. Somos putas y ponemos la cama.
Sobre todo, me revientan las tragaderas que tenemos. Vosotros y yo.
Bonus: la violación de niños y el aborto es lo mismo. Ahí lo dejo, que mi úlcera no aguanta tanto en un solo día.